No fue hasta el siglo XIX, con el desarrollo de la arqueología egipcia, que Akenatón volvió a salir a la luz. Las ruinas de Amarna, los relieves de su familia y, especialmente, el hallazgo de las cartas de Amarna, permitieron reconstruir aspectos fundamentales de su reinado.
El término olmeca fue acuñado por los arqueólogos en el siglo XX para referirse a los característicos vestigios de esta cultura. La palabra olmeca significa en lengua náhuatl “gente del país del hule (goma)”. Este nombre se relaciona con la existencia en la zona de árboles de los que extraían el látex. No se sabe cómo se llamaban a sí mismos, solo nos ha llegado el nombre con el que los aztecas se referían a los olmecas.
La influencia de Sumeria en las civilizaciones posteriores es incalculable y se puede rastrear en diversas áreas de la vida humana. Su huella es indeleble en la historia de la humanidad.
El relato del caballo de Troya es una de las narrativas más fascinantes y perdurables de la mitología griega. Este relato encapsula la astucia y la estrategia en el contexto de un conflicto monumental que ha capturado la imaginación de generaciones.
Lo que hace de Egeria, de su viaje y de sus escritos algo excepcional y pionero es que se trataría de la primera mujer escritora ibérica cuya identidad conocemos. Sus cartas manuscritas compondrían también el primer libro de viajes de no ficción y con cierta intención de guía.
El Pantocrátor aparece definido como la representación del salvador sentado, bendiciendo y con la testa encuadrada en una curva cerrada en círculo (nimbo). Es la representación de Dios propia del arte Bizantino y posteriormente, en pleno medievo, del arte románico.
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