Dado el gran número de tradiciones ancestrales existentes en tierras gallegas, casi todas ellas llenas de simbolismo, resulta fácil encontrar algunas relacionadas con rituales que conectan con el mundo de los muertos.
Por ello, hoy dedicamos esta publicación a recopilar información sobre una pieza muy especial, la conocida como “collar de zonchos”.
Se trata de una tradición con raíces muy antiguas, y que, como tantas otras, se están intentado recuperar, por su interés cultural y antropológico.
La gran poetisa e icono de Galicia, Rosalía de Castro, nos habla de ellos en los “Cantares gallegos”, obra del año 1863:
Has de cantar/ que llega he de dar zonchos;
has de cantar, que llega he de dar muchos
Pero no es la única persona que nos habla de ello, así, en el cuento de Difuntos “El rosario de castañas”, de Bernardo Bermúdez Jambrina, publicado en Revista Gallega el 5 de noviembre de 1904, el autor nos cuenta que una abuela hace un rosario de castañas para su nieto con el deseo de que rece por sus padres y, después de su muerte, el pequeño continúa el rito, rezando por las ánimas hasta caer también junto a ella.

Contexto
Para comprender el significado del collar de zonchos – o collar de castañas – debemos aportarnos a la manera en que las sociedades antiguas entendían el mundo. En aquel tiempo, la naturaleza era un pilar fundamental de la organización social de la vida. El alimento, el clima, los ciclos de la tierra y el paso de las estaciones determinaban los ritmos de la existencia. Había una auténtica cosmovisión de la vida y del mundo, un conjunto de ritos y creencias que daban sentido al tiempo y a la muerte.
Más allá de las flores y las visitas a cementerios, existe una costumbre casi olvidada pero llena de simbolismo: la elaboración y uso de los collares de zonchos. Este ritual conecta a los vivos con el mundo espiritual y refleja el arraigo cultural gallego en la celebración de sus muertos.
En distintas culturas de la Península era costumbre dejar castañas en la mesa por la noche para ofrecerlas a las ánimas que puedan visitarnos.
La cultura gallega ha entrelazado siempre la vida y la muerte, celebrando la memoria de los que ya no están a través de rituales que nos conectan con nuestro pasado. Aunque los tiempos mudan, la esencia de estas prácticas persiste, recordándonos la importancia de honrar nuestras raíces y nuestras conexiones familiares.
En el caso de Galicia, además, la castaña fue uno de los productos más importantes de su gastronomía, durante cientos de años, hasta que terminaría siendo sustituida por la patata.
¿Qué son los collares de zonchos?
Los collares de zonchos aparecen en el marco de una época especial del año, el Samaín.
De hecho, según la tradición, este collar, formado por castañas, simboliza por cada una de ellas, un alma que, al ser ingerida queda liberada del purgatorio. Pero para que esto funcione, la castaña ha de ser regalada.
De hecho, vaya por adelantado, zoncho es la denominación tradicional de la castaña cocida en Galicia.

La historia se construye de la siguiente manera: las madres preparaban para sus hijos unos collares de castañas, previamente cocidas, que se unían con un hilo, formando una cadena, collar o rosario.
Los niños, con los collares al cuello salían a la calle y a los cementerios para hacer ronda, durante el día de todos los Santos, como símbolo de solidaridad con los difuntos y esperanza para los vivos.
Por otro lado, hay que tener presente que, durante los días de Difuntos, las castañas, producto utilizado para el Magosto, es el protagonista.
Recordemos que el castaño es un árbol de larga vida, símbolo de fuerza e inmortalidad, y por eso la castaña, fruto del otoño, también se asoció a la continuidad de la vida.
¿Cómo se elaboran los collares de zonchos?
Obviamente, primero hay que aprovisionarse con las castañas. Tras lavarlas exhaustivamente, se cuecen, con la cáscara, en agua con anís y sal, hasta quedar tiernas, aproximadamente unos 30-45 minutos.
Hay que decir que en algunas zonas, se aromatizan, al cocerlas con limón, naranja o hinojo (fiuncho). Incluso en algunas zonas se aromatizaban con vino blanco o tinto, o con canela.
Una vez cocidas, se dejan enfriar, para posteriormente, utilizando una aguja gruesa y un hilo, bramante o cordón natural, también grueso, unirlas, hasta alcanzar la dimensión deseada. Una vez alcanzado el tamaño pretendido, se atan con un nudo, para cerrar el collar.
Todo ello se hacía sellando el final de la faena con un canto:
“Castañas do castiñeiro
o escudo está feito.
Na noite das animas,
atados quedan os males,
e libres o meus desexos.”
En castellano:
“Castañas del castaño
el escudo está hecho.
En la noche de las animas,
atados quedan los males,
y libres el mis deseos.”
Y algo muy importante, según la tradición, el número de zonchos ha de ser siempre impar, y en número superior a trece.
Para comerlas, la castaña se arranca del collar, y como es fácil de entender, la castaña sale partida por la mitad.
Por otro lado, hay otra vieja tradición que entronca con los zonchos, la denominada “limosniña dos difuntos”, una especie de “truco o trato”, ancestral consistente en que los pequeños del pueblo iban puerta a puerta pidiendo una limosniña dos difuntos, encontrándose con que en cada una de ellas les daban lo que podían, normalmente algo que comer. La tradición era ofrecer higos secos, nueces, avellanas… a veces huevos o los más pudientes hasta chorizos o pedazos de pan de trigo o broa (pan de maíz), con esto, los peques tenían su pequeño ágape el día de difuntos… era muy mal visto negar la limosna o despedir con malos modos a los peques que se iban sin su limosna…pues se daban casos en que los niños terminaban apedreando la casa o incluso orinando en sus puertas.
“Pedir pedimos todos,
a limosniña dos difuntos
aló nos veremos todos
debaixo dun cuncho”
¿Dónde se mantiene viva esta tradición?
Con el paso de las décadas, la modernidad y el cambio de costumbres han llevado casi al olvido esta antigua práctica. Sin embargo, algunas zonas rurales en Galicia aún conservan viva esta tradición que habla de la identidad y la espiritualidad gallega.
Difícil precisarlo con exactitud, pero si tenemos constatación de una importante tradición en las tierras de A Mariña lucense.
Encontramos también vestigios de esta costumbre en muchas zonas de A Coruña, Ferrol y Compostela.
En la localidad de Sada, en la provincia de A Coruña incluso tienen una Fiesta de los zonchos.
Además, se celebran actualmente concursos en diversas localidades para recuperar esta tradición.
Encontramos grupos en localidades como Viveiro, en la que se realizan talleres.

Conclusiones
El otoño gallego huele a humo, a tierra húmeda y a castañas asadas. Con la llegada de noviembre, las mesas se llenan de postres elaborados con este fruto que fue, durante siglos, el alimento básico de las aldeas antes de que la patata llegara a los fogones.
En la jornada del Día de Todos los Santos, los collares de zonchos colgaban del cuello de los niños y el aroma del anís llenaba las calles.
Con todo, la tradición de los collares de zonchos ha ido desapareciendo con el paso del tiempo, pero su recuerdo sigue presente en la memoria colectiva gallega.
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Referencias
https://bosquemeiga.blogspot.com/2020/10/tradiciones-de-samain-o-colar-de-zonchos.html
https://lasombradelyggdrasil.blogspot.com/2022/11/zonchos-tradiciones-del-dia-de-difuntos.html
https://orgullogalego.gal/o-colar-de-zonchos-significado-dunha-tradicion-de-defuntos/









