Os proponemos un viaje hasta tierras gallegas, para conocer un municipio situado al sur de la provincia de Lugo, Monforte de Lemos.
Monforte se encuentra en la confluencia de los ríos Cabe y Sil y es la capital de la comarca de la Tierra de Lemos y de la Ribeira Sacra.
Una villa que, fruto de sus más de 20 siglos de historia, es un auténtico museo al aire libre, que nos permite disfrutar de su patrimonio monumental de diferentes épocas históricas. Este legado histórico está presente en cada rincón de la ciudad, donde las piedras parecen contar historias de tiempos pasados.
Además de su impresionante patrimonio histórico, Monforte ofrece paisajes espectaculares y una gran riqueza cultural. Y por si esto fuera poco, Monforte es el punto de partida perfecto para descubrir los tesoros de la Ribeira Sacra, como sus famosos monasterios, los viñedos en terrazas y las rutas fluviales por los impresionantes cañones.
De los romanos, cuyo vestigio ha quedado patente en la ciudad, proviene la palabra Monforte, del latín “mons-fortis”, en clara alusión a su naturaleza defensiva.
La palabra Lemos tiene dos posibles orígenes. Por una parte, sería una voz de origen céltico que significa “tierra húmeda” o “tierra fértil” y parece entroncar con la raíz de la palabra gallega “lama”, en español, limo. Por otra, podría hacer referencia a la tribu de los Lemavos, topónimo que haya derivado a Lemaos, Lemus y Lemos.
Hasta la reforma de la nomenclatura municipal de 1916 el municipio se llamaba simplemente Monforte. En dicha fecha su nombre fue modificado por el de Monforte de Lemos, para así diferenciarlo de otras poblaciones españolas con el mismo nombre.
Historia de Monforte de Lemos
La historia de Monforte de Lemos se remonta al Paleolítico, y sus primeros habitantes conocidos fueron los oestrimnios.
En tiempos prerromanos, entorno al 900-600 a.C., en la llamada época “castrexa” o cultura de los castros, propia de las tribus célticas, la tribu que poblaba Monforte eran los Lemavos, “los habitantes de tierra fértil”. Estaban asentados en el Castro Dactonio, cuya localización real ha sido largamente disputada, aunque fuentes altomedievales apuntan a su probable localización en San Vicente del Pino, núcleo poblacional que fue el origen del actual Monforte.
Del Castro apenas quedan unos pocos restos arqueológicos encontrados años atrás.
Las primeras referencias escritas a Monforte son de los historiadores romanos Plinio y Estrabón.
Sucesivamente, los suevos y los visigodos dejaron sus propias huellas; en época sueva las tierras de Lemos pertenecieron en gran parte al Condado Pallarense, relacionado con el lugar de Pallares, en la parroquia de Baamorto. Como vestigio de esta época se conserva un exuberante broche visigótico encontrado en dicha parroquia monfortina y conservado en el Museo Provincial de Lugo.
Durante la Edad Medía encuentra Monforte su verdadero punto álgido, pues se constituyó en un centro de poder.
La villa de Monforte fue fundada el 10 de abril de 1104 por la infanta doña Urraca y el conde don Ramón de Tolosa por orden del rey don Alfonso VI y su mujer doña Constanza de Borgoña, que la donaron al conde Froilán de Castro y a su mujer Estefanía con el consentimiento del abad don Miguel. Otros autores, entre ellos el padre fray Antonio Yepes, señalan que fue en 1074 cuando el conde don Froilán de Castro y su mujer doña Estefanía Sánchez habían recibido del rey Alfonso VI y de su mujer la reina Constanza las tierras de Sarria y de Lemos en San Vicente, donde había monjes benedictinos con el consentimiento del mencionado abad don Miguel. Obtiene también permiso para la celebración de ferias y mercados para el abastecimiento de la población. Después de este acontecimiento comenzó a llegar gente a la villa.

Infanta Doña Urraca
En la villa se estableció la residencia de los poderosos Condes de Lemos, consolidándose así como una ciudad-fortaleza construida en torno a un monasterio benedictino y un castillo perteneciente a la familia Castro.
Durante la época medieval, se construyeron numerosos monasterios en la comarca, sobre todo en las riberas de los ríos Miño y Sil, en la zona conocida como Ribeira Sacra, y de la cual Monforte ostenta la capitalidad.
El asentamiento de una comunidad judía, que tuvo gran importancia en la ciudad, dejó huellas en el trazado urbano del barrio de la Judería, donde se conserva la Casa Gaibor, como testimonio de ello.
En 1328, el rey Alfonso XI instituyó el Condado de Lemos para la familia y el linaje de los Castro, que dominó la zona durante siglos. Ver nuestro post: El condado de Lemos.

Alfonso XI
El poder feudal del linaje no estuvo exento de conflictos: en el siglo XV, los campesinos irmandiños se rebelaron contra los abusos del conde. La rebelión de “Os Irmandiños” llegó a destruir 130 castillos y fortalezas en toda la comunidad durante dos años. La fortaleza de Monforte de Lemos, desde luego, no fue ninguna excepción, sufriendo notables daños en diferentes puntos de su muralla y baluartes defensivos. La mayoría de los nobles se vieron obligados a huir a Castilla y Portugal. Esta demoledora revuelta campesina se mantuvo hasta 1469, cuando los tres ejércitos señoriales –uno de ellos dirigido por el Conde de Lemos– entraron de nuevo en territorio gallego y sofocaron aquellos ataques y destrucción inmisericorde.

Por otro lado, hay que decir que, durante la Edad Media, los Condes de Lemos llegaron a tener las posesiones más extensas del Antiguo Reino de Galicia, incluso fuera de las actuales fronteras.
Fue en el siglo XVII cuando Monforte alcanzó su mayor esplendor de la mano de Pedro Fernández de Castro, VII Conde de Lemos, quien llegó a ser virrey de Nápoles y fue mecenas de grandes autores del Siglo de Oro como Lope de Vega, Quevedo, Góngora y Cervantes. Años después, donó a la ciudad su colección privada de arte sacro, que hoy puede visitarse en el Museo de Arte Sacro.

En el siglo XVIII, durante la Ilustración, la ciudad vivió una época dorada. Y eso que después de la muerte sin descendencia de la última Condesa de Lemos –del linaje de los Castro–, el título, además del poder, pasaron a manos de Castilla, al ducado de Alba. Esta circunstancia, al igual que en otras comarcas de Galicia, provocó el progresivo abandono de estos destacados feudos, quedando, pues, sin avanzar al ritmo de las demás zonas del país.
Durante la Guerra de la Independencia, Monforte ocupaba una situación estratégica en el territorio gallego durante la guerra de la Independencia española, lo que hizo que fuera atacada tres veces por los franceses, quienes bombardeaban la población desde el cercano monte de Piñeira.
En 1808, el abad de San Vicente había organizado la Junta de Monforte para oponerse a las tropas francesas. Todas las escaramuzas tuvieron lugar en 1809: el 18 de enero, el 20 de abril y desde el 4 al 11 de junio.
Durante este conflicto, Monforte fue un centro de fabricación y distribución de armas, bajo el mando de una delegación de la Junta Superior de Galicia. También se reclutaba y equipaba a soldados. Y en ello se encontraría el motivo por el que los franceses arrasaron Monforte, provocando su destrucción parcial en 1809, para acabar con dichas actividades.
Ya en el siglo XIX, la ciudad vivió una nueva etapa de auge con la llegada del ferrocarril. En el año 1883, en un acto inaugurado por el rey Alfonso XII, se puso en marcha la línea férrea entre Madrid y A Coruña.
En 1885 recibió, por decreto real, el título de ciudad por parte del rey Alfonso XII, en agradecimiento por sus trabajo y esfuerzos por la llegada del ferrocarril.
Se iniciaba entonces una época de crecimiento social, económico y cultural. Estuvo situada en Monforte una de las Irmandades da Fala, organización con mucha relevancia en la vida cultural gallega de la época.
Patrimonio monumental de Monforte
El conjunto monumental de San Vicente del Pino está formado por la Torre del Homenaje, el Palacio Condal y el Monasterio Benedictino. Vayamos por partes:
El castillo de San Vicente.
Es uno de los vestigios más importantes de su glorioso pasado, testimonio de la importancia militar y política de Monforte en el pasado. Domina la ciudad desde lo alto.
En la actualidad existe muy poca información arquitectónica sobre este castillo. Se conservan restos de las murallas que rodeaban la fortaleza y de las tres puertas de acceso a la villa, conocidas como la Alcazaba, la más antigua, la Nueva y de la Cárcel Vieja.
Del edificio original se conserva el pórtico de acceso con los escudos de los Condes de Lemos: a la izquierda el blasón de los Osorio, y a la derecha el de los Castro: En su interior un interesante sarcófago de granito perteneciente al Abad Don Diego García III, con una inscripción en latín que indica su nombre en latín, Dicacus Garsia, y la fecha de su muerte, el 20 de noviembre de 1372.
La Torre del Homenaje.
Construida entre los siglos XIII y XV, era el edificio más importante dentro del castillo, en ella se celebraban las Ceremonias de Homenaje, rito que unía al señor con su vasallo.

La torre, sita en lo alto del monte San Vicente, donde estaba la antigua fortaleza militar, tiene 30 metros de altura, 13 metros de lado y muros de 3 metros de grosor. Una estructura que vista desde su pie impresiona y que desde sus almenas ofrece un excelente mirador de todo el valle de Lemos.
La puerta de acceso a la torre se levanta 8 metros del nivel del suelo para facilitar la defensa. Además, debajo de la primera planta se construyó un aljibe para almacenar el agua de las lluvias, al igual que en la Fortaleza de Sobroso.
Consta de cuatro plantas y la puerta de entrada presenta el escudo de armas de los Lemos-Osorio. En el tercer piso se encuentra la llamada Ventana de la Reina, con un hermoso ventanal ajimezado con arcos trebolados. En su interior hay una escalera de madera con ventanas de arcos geminados.
La torre, hoy en día está musealizada, pudiendo ver en su interior muebles de época, como armarios, arcones, mesas y sillas con los escudos de los hidalgos de antiguas familias de Monforte.
El Palacio Condal.
Es una casona de tres plantas con un portalón. Residencia señorial de los Condes de Lemos, construido en el siglo XVI y reconstruido en el XVII tras sufrir un devastador incendio.
Actualmente, este edificio alberga parte de las dependencias del Parador de Turismo. Nacional.
El Monasterio Benedictino de San Vicente del Pino.
Situado junto al castillo, fue un importante dentro religioso y económico durante la Edad Media. Es uno de los monasterios más antiguos de Galicia, cuyos estilos arquitectónicos combinan elementos neoclásicos, góticos, renacentistas y barrocos. Aunque sus orígenes se remontan al siglo X, la edificación actual se inicia en el siglo XVI. Impresionan la fachada y el claustro del edificio conventual de estilo neoclásico.

Su fachada es neoclásica, en el cuerpo central aparecen dos columnas dóricas que sostienen una balconada unida al frontón por una serie de pilastras.
El claustro es neoclásico, de planta cuadrada y de dos alturas, con arcos de medio punto sobre columnas dóricas.
La iglesia monacal, de portada renacentista e interior gótico de transición es de planta de cruz latina, de estilo gótico, mientras que la fachada es renacentista. Cuenta con un coro con órgano de estilo barroco. Destacan las imágenes de Santa Ana con la Virgen y el Niño, y un bajo relieve de origen románico.
Actualmente, gran parte del edificio monacal alberga el Parador de Turismo de Monforte de Lemos.
Colegio de Nuestra Señora de Antigua
Localizado en la parte baja de la villa, es conocido como el pequeño Escorial de Galicia por las semejanzas que hay entre ambos. Fue fundado por el Cardenal Rodrigo de Castro y su construcción comenzó en 1593.
La fachada principal, de sobrio estilo herreriano, es de gran sobriedad. La portada se organiza en torno a un tramo central dividido en dos cuerpos, donde figura el escudo del cardenal y está flanqueado por dos bandas laterales. Las alas que rodean la portada carecen de ornamentación.

El edificio está estructurado en torno a la iglesia, que ocupa la parte central. Su planta es rectangular y en cada uno de sus lados hay capillas comunicadas entre sí. A los lados de la iglesia hay dos claustros.
Su fachada simétrica y sus elegantes proporciones albergan un museo con obras de arte de valor incalculable, incluyendo pinturas de El Greco (“Aparición de la Virgen con Niño a San Lorenzo” y “Fray León meditando sobre la muerte”).
La iglesia destaca por su retablo de Francisco de Moure y la estatua orante del Cardenal Rodrigo de Castro, impulsor del edificio. Otro de los elementos que impresiona en la visita al colegio es la escalera monumental con sus escalones de una sola pieza, en piedra de granito. La escalera consta de tres tramos sin aparente punto de apoyo para el central, que se sostiene gracias a un juego de fuerzas que actúan mediante unos arcos apoyados en potentes muros.
Actualmente, es el Colegio de los Padres Escolapios. Merecen también una mención sus hermosos jardines.
Su arquitectura y su importancia cultural hacen de este colegio una visita obligada.
El Convento de Santa Clara y el Museo de Arte Sacro
Está fechado en 1622. Destaca del conjunto, su claustro y el templo, con una única nave que se remata en un ábside.
Todavía alberga a las monjas clarisas y posee un museo de Arte Sacro, con una importante colección de piezas religiosas, incluyendo esculturas, pinturas y orfebrería que datan, desde la Edad Media hasta el Barroco.

El Museo de Arte Sacro tiene una espectacular colección de escultura, pintura y bienes muebles litúrgicos, datadas desde la Edad Media hasta el Barroco. Destacan el “Cristo yacente” y “la Inmaculada” de Gregorio Fernández, así como “la Dolorosa”, de la escuela de Pedro Mena. También atesora algunas piezas relevantes de origen italiano.

El Convento de San Jacinto (Iglesia de Régoa o Santo Domingo)
El nombre de San Jacinto proviene de la orden religiosa a la que estaba adscrito. Actualmente la iglesia está dedicada a Santo Domingo y es conocida como Iglesia de Régoa. Fue fundado por los condes de Lemos, don Pedro Fernández de Castro y doña Catalina de la Cerda y Sandoval.

La iglesia de Baamorto.
Edificio de origen románico que conserva algunos restos de este estilo, a pesar de las reformas de los siglos XVII y XVIII. Portada principal con arco de medio punto y una moldura barroca. Pórtico sobre columnas dóricas. Muros de sillería y de mampostería. En el muro sur conserva interesantes pinturas.

El Pazo Molinos de Antero.
Se levantó entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Su fundación se debe a Manuel Antero Yánez. Era el lugar de recaudación de las rentas del tabaco y otros impuestos para la corte.
Este pazo se diferencia de otros pazos gallegos, porque posee una arquitectura afrancesada y una decoración pictórica italianizante.
El Puente viejo.
Se cree que este puente sobre el río Cabe es de origen romano, aunque su estructura actual pertenece a la última década del siglo XVI, ya que fue reedificado por el maestro Pedro Rodíguez Remberde.

Se compone de seis arcos semicirculares, dos de ellos cubiertos por reformas posteriores. En sus amplios arcos centrales pueden leerse diversas marcas del cantero. Además de cruzarlo caminando, los paseos en barca ofrecen una perspectiva diferente al viajero.
Judería. Casco antiguo.
Monforte de Lemos pertenece a la Red de Juderías junto a otras 25 ciudades españolas y portuguesas que tuvieron un pasado ligado a la cultura sefardí.
Aunque los judíos de Monforte nunca estuvieron confinados y vivían mezclados con la población, probablemente el hecho de que muchos fueran artesanos y hombres de letras, sea el motivo de que las referencias más claras que tenemos de judíos viviendo en Monforte, nos hablen de personas que habitaban en las calles Zapaterías, Falagueira y Pescaderías o en la actual Plaza de España.
En la calle Pescaderías se encuentra otra de las torres de la muralla, desde la que se obtiene una magnífica vista de la ciudad.
Otros lugares de interés son el Puente de los Picos, del siglo XVI, el Puente de los Condes, de 1598 y el Crucero del Campo de San Antonio.
Que más ver si visitas Monforte de Lemos
Estas tierras brindan al visitante numerosas alternativas. Por ejemplo:
- Paseo por la Ribeira Sacra. Monforte es la puerta de entrada a la Ribeira Sacra, una de las zonas más impresionantes de Galicia por sus viñedos en terrazas y cañones fluviales.

Excursiones en barco por el río, permiten apreciar el paisaje desde una perspectiva única.
En el Centro del Vino, los visitantes pueden conocer la historia y particularidades de esta denominación de origen, especialmente del vino Amandi, que, según la tradición, era enviado al emperador romano desde Gallaecia.
- Otra experiencia única es la visita al taller de alfarería de la Rectoral de Gundivós, donde aún se cuece la cerámica negra al aire libre. El taller cuenta con una exposición de piezas antiguas y realiza demostraciones en vivo.

- El Museo del Ferrocarril de Galicia es una de las joyas de la historia industrial de Galicia. Ubicado en las antiguas instalaciones del depósito de tracción vapor de Monforte de Lemos, el museo ofrece un fascinante recorrido por la historia del ferrocarril en la región.

Algunas curiosidades sobre Monforte de Lemos
Uno de los episodios más curiosos en la historia de Monforte es la leyenda de la “Reina Lupa”, una figura mítica relacionada con los primeros tiempos del cristianismo en Galicia. Según la leyenda, esta reina pagana gobernaba la región y se opuso a la llegada de los restos del Apóstol Santiago, protagonizando un enfrentamiento con los discípulos del santo.
Para saber más sobre este tema podéis consultar nuestro post: La reina Lupa y el traslado de los restos del Apóstol Santiago.
En 1609 D. Luis de Góngora y Argote visita Monforte como invitado del VII Conde de Lemos, D. Pedro Fernández de Castro. Durante esta visita compone un soneto que dedica: “Al Conde de Lemos, desde Monforte, donde el Cardenal don Rodrigo de Castro, Arzobispo de Sevilla, fundó una Universidad”.
Llegué a este Monte-fuerte, coronado
de torres convecinas a los cielos,
cuna siempre real de tus abuelos,
del reino escudo y silla de tu estado.
El templo vi a Minerva dedicado,
de cuyos geométricos modelos,
si todo lo moderno tiene celos,
tuviera envidia todo lo pasado.
Sacra erección de príncipe glorioso,
que ya de mejor púrpura vestido,
rayos ciñe de luz, estrellas pisa.
¡Oh, cuánto de este monte impetuoso
descubro! Un mundo veo: poco ha sido,
que seis orbes se ven en tu divisa.
En enero de 1809, durante la guerra de la Independencia, el general inglés John Moore decidió retirar a las tropas inglesas de España por el camino de Carlos III (el Camino Real de Villafranca), yendo primero a Lugo para usar sus murallas como defensa, y luego embarcando para Inglaterra en La Coruña. Las tropas francesas, bajo el mando de los mariscales Ney y Soult, las persiguieron, llevando así la guerra a Galicia. Napier señala que, cuando perseguía al marqués de la Romana (Pedro Caro y Sureda), Soult siguió un camino que iba desde Lugo hasta la Val des Orres, pasando por Monforte. Dicho camino seguía estrechamente el camino real de Villa Franca que había seguido Moore.
Para saber algo más sobre sir John Moore y su estancia en Galicia, podéis leer nuestro post: Sir John Moore y la batalla de Elviña.
Por último, reseñar la leyenda de la corona de fuego de Monforte. Se trataría de un pasaje que conectaría la iglesia de San Vicente del Pino con el Palacio Condal de Monforte de Lemos, ambos situados sobre el promontorio que domina la localidad lucense, y que sería protagonista de un triángulo amoroso, el que protagonizarían el abad del monasterio, el conde de Lemos y la hija, o la mujer, dependiendo de la versión, del propio conde.
Según se narra en “¡Lenda de horrore! A mitra de ferro ardente” (1894) del escritor gallego Galo Salinas Rodríguez, este pasadizo subterráneo sirvió para que el abad del Monasterio de San Vicente mantuviera una relación prohibida con la hija del conde de Lemos mientras este estaba ausente. Por supuesto, el abad debía tan solo cuidar a la hija del conde, pero la belleza de la joven hace enloquecer de amor al abad que rompe con sus votos y con la confianza del conde seduciendo a su hija.
En las versiones más sangrientas de la historia, el abad, preso de la locura y temiendo las consecuencias de su acto, llega a asesinar a la hija del conde usando una pócima que prepara un judío de Monforte, pero una doncella lo presencia todo, relatando la truculenta historia al señor de Lemos una vez que regresa a palacio.
Es entonces cuando se produce la escena más famosa de leyenda y que da nombre a la misma. El conde cita al abad para una opípara cena. El religioso desconfía, pero la cena avanza sin incidentes… hasta la llegada de los postres. Un sirviente porta junto a los mismos una corona de hierro al rojo vivo que el conde coloca al abad provocando su terrible muerte. Y así, con la marca de la corona sobre la cabeza, el abad es enterrado.
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Referencias
https://www.arteguias.com/lugo/monfortedelemos.htm
https://www.ecured.cu/Castillo_de_Monforte_de_Lemos
https://www.galiciamaxica.eu/galicia/lugo/castillodemonforte-2/
https://historiadegalicia.gal/2018/03/monforte-a-vila-a-que-non-lle-reconecen-o-seu-pasado-medieval/
https://www.monfortedelemos.es/turismo/?q=es/monumentos
https://www.venancioguntinas.com/monforte-de-lemos
Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros








