Nos adentramos de nuevo en el mundo del arte en Galicia y para ello lo hacemos en esta ocasión por medio de un pintor, Urbano Lugrís.
Su vida está llena de una inusual actividad creativa, que le ha permitido expresar sus inquietudes artísticas en medios tan diversos como la poesía, el teatro, la pintura e incluso alguna incursión en el ámbito de la arquitectura.
Un pintor diferente, poseedor de un universo particular, con un registro poco académico, más bien heterodoxo.
Considerado como un gran pintor de talento surrealista, es conocido también, en el ámbito literario por el seudónimo de Ulises Fingal.

Biografía de Urbano Lugrís
Urbano Lugrís González, nació en A Coruña (a la que nuestro protagonista llamaba Percalinópolis) el 28 de enero de 1908. Su padre era Manuel Lugrís Freire, político y escritor y uno de los fundadores e incluso presidente de la Real Academia Galega. Su madre era Purificación González Varela, profesora de la Normal de A Coruña y conocida pianista, y hermana del también pintor Urbano González. Con esa carga cultural no podría haberse dedicado más que al arte.
Obviamente en el seno de una familia del ámbito de la cultura, la infancia de Urbano Lugrís se desarrolló en un ambiente intelectual distinguido en A Coruña. En su entorno familiar aprendió a amar la música, a disfrutar de la lectura, a dominar el arte del dibujo y a convivir con personajes de la cultura gallega que tuvieron una importante influencia en su educación.
De niño se sintió especialmente atraído por el mar azul de su tierra, en el que decidió bucear, haciendo para siempre de sus aguas y profundidades su lugar habitual de sueño.
Poseedor de una enorme imaginación y gran memoria (dicen que se sabía la Odisea en griego) empezó a crear ya sus universos en la infancia. Y aunque empezó tarde a pintar, no paró hasta el día de su muerte.
En esta época, Lugrís, es influido por Nacho Viéitez, un hombre cuyo propósito era fomentar el ejercicio de la pintura en las nuevas generaciones. También contó con el apoyo de un intelectual de la talla del escritor Francisco Tettamancy.
Académicamente siguió estudios de Peritaje Mercantil, pero en los años 30 decide dar un cambio en su vida y se traslada a Madrid, con el objetivo de diseñar figurines y decorados para el famoso grupo La Barraca, con Federico García Lorca.
En tierras madrileñas conoce, y entabla, amistad, con Rafael Dieste, Rafael Alberti y otros muchos intelectuales. Entró en contacto con el grupo de intelectuales y artistas que formarían la “Generación del 27”, una intelectualidad renovadora que centraba la Residencia de Estudiantes, que le proporcionará el crisol para el desarrollo de su arte.

Generación del 27
Fue en 1930 cuando fue encarcelado por sus actividades republicanas.
Trabajó en el teatro de marionetas de Bartolozzi y también participó en las Misiones Pedagógicas, la gran aventura de regeneracionismo cultural emprendida por la República.
Según algunas fuentes, durante la guerra civil luchó en el ejército sublevado, si bien no hay ninguna referencia documental que lo acredite.
Después de la guerra comienza a dedicarse exclusivamente a la pintura y en la década de los cuarenta se realizan sus primeras exposiciones.
Se casó con Paula Vadillo, con la que tuvo dos hijos, Urbano Lugrís Vadillo (también pintor) y Paula.

En 1949, hizo una exposición en la sala “Macarrón” (Madrid) y dos años más tarde comenzó una época de gran actividad y decisiva en su creación. Pintó el “Tríptico de las lamentaciones”, que puede ser considerada como una de sus obras maestras.
En 1951 Lugrís finaliza una de sus obras más populares, el mural en la bóveda del Restaurante Fornos en A Coruña, obra sobre la que nos explayaremos en párrafos posteriores.

En 1952 Lugrís pintó la “Vista da Coruña en 1669”, un mural para el vestíbulo del Banco Hispano Suizo. Hoy en día se conserva, parcialmente, en el banco comercial de la sede del ya desaparecido Banco, en el número 74 de la calle Real de A Coruña. Esta obra es la única que sobrevivió de las siete que había hecho para este local.

De vuelta a A Coruña, en el año 1954, y unto a Mariano Tudela y José María Labra funda la revista “Atlántida”, en la que escribe artículos, poemas y realiza numerosas ilustraciones, que muestran ya sus universos, ligados a los misterios del mar, los buques fantasmas y fantásticos, ciudades sumergidas, las caracolas, las rosas de los vientos, símbolos esotéricos, artilugios y camarotes extraños, todo lleno de fantasía y ensoñación. La Atlántida se publicó entre los años 1954 y 1956 y contó con colaboradores como Álvaro Cunqueiro, Otero Pedrayo, Vicente Risco, Eugenio D’Ors, Gómez de la Serna, Alfonso Sastre, Filgueira Valverde y Pura Vázquez.


En 1955 pinta “Una vista nocturna del puerto”, una obra singular en la trayectoria y producción de Lugrís, pues no es habitual que utilice tan poco color ni el recurso de vistas nocturnas.
Realiza entonces sus primeras exposiciones individuales en las que desarrolla un vocabulario naturalista expresando un contenido todavía ligado al simbolismo y al decadentismo decimonónico, pero ya con el mar como tema preferente.
Serán los años en los que Urbano Lugrís emprenderá varios trabajos que dejaron una fuerte huella en la ciudad.
Su carácter bohemio se reflejaba también en la manera de trabajar: muchos encargos eran pagados en especie, con comida o bebida, reforzando su imagen de artista cercano a la vida cotidiana.
En 1960 Urbano Lugrís se encarga de la decoración del Hotel Embajador, en A Coruña, lamentablemente ya desaparecido y que se encontraba donde actualmente está el Teatro Colón y la sede de la Diputación Provincial. El encargo se originó por iniciativa del Banco Pastor, y aunque el destino de las obras era el citado establecimiento, finalmente se instalaron en el Hotel Finisterre, no en vano el dueño de estos hoteles y Banco, era el mismo, Pedro Barrié de la Maza. Lugrís pintó nueve tablas de un tamaño similar (57 x 57 centímetros) con vistas de A Coruña, una general (en la que se ve el puerto) y otras parciales (la torre de Hércules, la plazuela de las Bárbaras, la iglesia de la Orden Tercera, la Puerta del Parrote o la fuente de Neptuno. Este hotel sigue abierto hoy en día (pero ya con el nombre de Hesperia Finisterre), pero estas obras ya no se encuentran en este establecimiento desde hace varios decenios. Hoy forman parte de la colección de la Fundación Barrié de la Maza.
Entre 1963 y 1964, realiza cuadros y murales para la iglesia de Vilaboa, en Culleredo (A Coruña).
En 1965 se traslada a Vigo después de la muerte de su esposa. El recuerdo de Paula será siempre una nostalgia beethoweniana.

El puerto de Vigo
Y casi para finalizar este rápido repaso a la biografía de Lugrís, vamos a reproducir dos anécdotas del pintor con el dictador Franco:
Se cuenta que, durante la presentación del Retablo del Descubrimiento, pintado por Lugrís en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, Francisco Franco le preguntó: ¿De donde eres?, a lo que Lugrís repuso: Paisano suyo. –Gallego, ya lo sé, pero ¿de donde? -siguió Franco. –Del Ferrol de su Excelencia, Excelencia -repuso Lugrís.
Unos años después Franco le encargó la decoración de algunos de los camarotes del yate Azor. Estando en la puerta de la Asociación de Artistas, una sala de exposiciones sita en Riego de Agua, en La Coruña, entró una señora y dijo: Pero si es Lugrís, el célebre Lugrís ¡Pintor de cámara! A lo que el pintor replicó ¡De camarote, señora, de camarote!
Los últimos años de Lugrís fueron un declive. Dibujaba o hacía collages, pero apenas pintaba.
Proyecta trabajos que no realiza. Incumple encargos que ha forzado. Arrecia la soledad, pese a reunirse con artistas y escritores. El pintor dejó la vida pública. Le habían ofrecido hacer exposiciones, pero no quiso participar en ellas. Era maravilloso en el arte de perder el tiempo.
Su carácter cordial se agría. Su entidad física se reduce. Su salud empeora. Es internado en el Hospital Municipal y muere la víspera de Nochebuena de 1973.
Después de su fallecimiento en 1977, se lleva a cabo, la mejor exposición que se le dedicó al artista, que se efectúa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en el Auditorio de Galicia, de Santiago de Compostela, editándose un catálogo de dicha exposición y la publicación en facsímil de la revista Atlántida.
El año 2007, Antonio Patiño, publica un libro sobre Urbano Lugrís, “Viaje al corazón del océano”, de ediciones do Castro, en el que desbroza la vida y leyenda de este pintor surrealista, en el cual abarca de forma conjunta la vida y leyenda de este gran pintor, haciendo un análisis pormenorizado de su obra pictórica, dibujos, murales, etc, al tiempo que aborda su faceta literaria, por medio de sus poemas y relatos, bajo la firma de su seudónimo.

En cuanto a las exposiciones, se llevaron a cabo numerosas, en vida de Lugrís en Madrid, A Coruña, Vigo, Santiago, Pontevedra, Lugo y Bueu (Pontevedra), y tras su fallecimiento se multiplicaron por todo el territorio español e incluso en otros países. Así, exposiciones de su obra pictórica desde 1949 hasta el 2017, entre individuales y colectivas, de ellas en la ciudad de la Coruña se acogen las de 1960, 1964, 1975, 1981, 1989 y 2017, como individuales y en 1975, 1993 y 2017, las colectivas.
Pero por su relevancia, hay que citar especialmente la mayor exposición dedicada a Lugrís, que tuvo lugar en el año 1997 en Madrid, concretamente en el Círculo de Bellas Artes. Una muestra comisariada por Rosario Sarmiento y Antón de Patiño.
Obra artística de Urbano Lugrís
Fue un pintor de enorme producción, y en ella el interés fundamental reside en la riqueza de sus temáticas. Lugrís es ante todo un pintor que bebe de la literatura, de la gran novela francesa del XIX, de los cuentos populares y las leyendas.
Entre sus primeras pinturas destaca el mural “Retablo del Descubrimiento”, compuesto de 13 elementos, encargado para la sede del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.

Es a partir de los años cuarenta cuando su estilo se define y principia su intensa producción, que mantendrá hasta sus últimos días, dejando una amplia obra.
Su obra es un surrealismo al estilo de como escribía Álvaro Cunqueiro, con un mundo estético inspirado en autores como Julio Verne, Homero o Víctor Hugo.
Sus cuadros son de pequeño formato, siempre con la presencia del mar, entrecruzada con lo mítico y lo onírico. Es un pintor de un estilo inconfundible, con reminiscencias de los surrealistas, como Salvador Dalí y René Magritte, aunque también se nota la influencia de los llamados metafísicos, como Giorgio de Chirico y Carlo Carrá.

Desde el balcón
Los años cincuenta suponen el apogeo de Lugrís. Personaliza el lenguaje anterior introduciendo referencias a las vanguardias históricas, principalmente a la pintura metafísica, al cubismo y al surrealismo.

Leyenda marina
Como dibujante excepcional que era, se regocijaba en los detalles, y trabajaba como un miniaturista incluso en sus enormes pinturas murales, caracterizadas por un barroquismo abigarrado, pero lleno de poesía e intimidad que evoca la pintura barroca holandesa.
En muchas de sus obras, Lugrís tenía verdadero horror vacui. Llenaba todo de cosas pertenecientes a universos ligados a los misterios del mar. Caracolas, barcos en botellas, catalejos y extraños artilugios marinos en habitaciones sin presencia humana alguna, que conforman escenas que pueden recordar algo a la pintura metafísica italiana, si cabe con más fantasía y ensoñación.
El arte de Lugrís era casi ingenuo, como el de un niño que juega a ser pirata. “Pinto en gallego, razón por la que no puedo ser realista”, llegó a decir.

Templo sumergido
Su producción será homogénea a lo largo de su vida, un lenguaje de colores planos, con representaciones de gran carga metafísica donde los motivos ayudan a esta manifestación con sus referencias a la vida inmóvil: estatuas en un pedestal, caracolas, galeones anclados y paisajes idealizados.
Es un creador de extrema singularidad, dueño de un mundo paisajístico lleno de magia y extraña belleza que entronca con el onirismo surrealista.
El propio pintor, en una entrevista, confiesa: “Hago apuntes, doy paseos por el litoral y después los transformo a mi manera. Pinto momentos espirituales, sueños, leyendas”.
Su estilo único, que fusiona la tradición gallega con una visión profundamente personal y mágica, lo ha convertido en una figura fundamental del arte gallego del siglo XX.
Además de ser un pintor valiente y rompedor, fue un gran ilustrador de libros y con su trabajo de dirección y creación en la revista “Atlantis” demostró una nueva faceta de su carácter: su capacidad de trabajo.
En 1952, realizó dos ilustraciones para el libro de poemas ”El vagabundo”, de Luz Pozo Garza. Además de su importante colaboración en la revista coruñesa “Atlántida”, con numerosas ilustraciones y dibujos.
Si nos centramos en sus murales, hay que decir que destacan por su capacidad para transformar espacios cotidianos en elementos artísticos, tal y como se puede observar en su obra en restaurantes bares y mesones, obras en las que Lugrís conjuga elementos marinos, mitológicos y oníricos.
El conjunto de murales más emblemático la realizó en la calle Olmos, en los números 25 y 27, donde decoraban el antiguo restaurante Fornos. Doce piezas representan panorámicas de la ciudad: la Torre de Hércules, el Castillo de San Antón, barcos, veleros y elementos de la marina, integrando historia y fantasía en un mismo espacio.
Estas obras fueron creadas específicamente para las paredes del local y constituyen un testimonio único de la decoración interior en Galicia de la época.
Otra serie de murales los realizó en Vigo para el Gran Hotel. Los cinco grandes murales de Urbano Lugrís fueron “Vista de Vigo”, “La Romería”, “San Telmo”, “Mapa de Galicia” y “Los misterios del mar”. Cuando el Gran Hotel cerró en 1977 y el edificio fue reconvertido en viviendas, el destino de estas obras maestras quedó en peligro.
Hoy, “Misterios del mar” y “Mapa de Galicia” se pueden contemplar en la escalera principal del Museo Quiñones de León.
Pero por desgracia se han perdido muchos murales que estaban presentes en bares, hoteles y residencias.
Y en cuanto a su obra literaria, inédita o o dispersa por prensa y catálogos, y recuperada en dos libros:
- 2008: “Balada de los mares del norte. Poemas, cuentos y ensayos”, 1942-1973. Alvarellos Editora.

- 2017: “El tesoro de Punta Herminia y otros textos sumergidos”, 1929-1965, Alvarellos Editora.

Legado de Urbano Lugrís
Lugrís dejó un gran legado, en todas sus facetas artísticas, como pintor, muralista, ilustrador y poeta. Una obra en la que Urbano Lugrís conecta literatura, historia y surrealismo con el mundo cotidiano. No en vano, en su obra el mar no solo es paisaje; es metáfora, mito y memoria. Sus murales, así como sus lienzos más íntimos, reflejan un universo propio que invita a sumergirse en la imaginación y la historia de Galicia, consolidando su figura como uno de los artistas más singulares del siglo XX en España.
Lugrís contó con gran experiencia en el campo del muralismo y defendió la necesidad de acercamiento del arte al público a través de ese medio, en pleno auge en los años treinta tras los ejemplos de los muralistas mexicanos, Rivera, Orozco y Siqueiros.
Sus murales explotan algunas de las características más destacadas de su obra, como el mar, los sueños, la mitología.
En cuanto a su obra pictórica podemos destacar dos obras maestras: “La habitación del viejo marinero”, y “Anticuario del puerto”, ambas pintadas en 1946, obras en las que Lugrís utilizó una técnica al óleo “a la antigua”, imitando el estilo de los primitivos flamencos, como Jan van Eyck.

Anticuario del puerto
Ambas obras pertenecen a la llamada primera etapa viguesa, cuando empieza a manifestar su predilección por el mar como protagonista de sus obras. Curiosamente, en esa época el autor hacía obras de pequeño formato, pero estas dos son de un tamaño considerable (aproximadamente 1 x 1 metro)

La habitación del viejo marinero
Resumen
Urbano, Lugrís, gigantón, tímido, a veces agresivo, caballero a la vieja usanza generoso de su tiempo, es un artista de la vanguardia histórica gallega, autor de una obra extensa y multidisciplinar.
Pintor, poeta, demiurgo de la imaginación, la obra de Lugrís merece ser siempre puesta en valor y principalmente ser mostrada en aquellos lugares en los que todavía es un desconocido.
Su obra, junto a la de Maruja Mallo y Eugenio Granell, es la mayor aportación que dio la vanguardia surrealista a la plástica gallega y si bien, la mayor parte de autores hablan de Surrealismo para enclavar sus creaciones, otros se refieren a su obra como perteneciente al Realismo Mágico.
Y hoy podemos ver sus obras, no solo en Galerías y Museos, pues Urbano Lugrís convirtió bares, restaurantes y locales de Galicia en lienzos vivos, uniendo el mundo marinero, la mitología y lo onírico con la vida cotidiana.
Sus murales revelan a un artista bohemio, comprometido con la accesibilidad del arte y con una profunda conexión con su tierra.
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Referencias
Arte. De Chamoso Lamas, M.
Viaje transoceánico a Urbano Lugrís. De Patiño, A.
https://galeriamontenegro.com/artistas/urbano-lugris/
https://historia-arte.com/artistas/urbano-lugris
https://historiadegalicia.gal/2017/08/coruna-reconciliase-urbano-lugris-artista-mar/
https://museobelasartescoruna.xunta.gal/es/coleccion/autores/lugris-urbano








