Con esta publicación nos acercamos a la vida de una mujer, originaria de la antigua Gallaecia que atravesó, en el siglo IV, medio mundo, dejando escrito uno de los primeros relatos del viaje de una mujer.
Hablamos de Egeria, la monja viajera.
Egeria, también llamada Eteria, Echeria, Etheria, Heteria, Eiheriai o Egeria, e incluso Arteria o Geria, fue una viajera y escritora hispanorromana del siglo IV, autora de un famoso libro de viajes, el “Itinerarium Egeriae / Peregrinatio Aetheriae / Peregrinatio ad Loca Sancta”, comúnmente denominado en español ”Itinerario de Egeria”.
Egeria era una monja (o no, pues es un tema todavía en discusión), que saliendo de Gallaecia natal, emprendió un viaje extraordinario en peregrinación, recorriendo más de 5.000 kilómetros y atravesando Europa y Oriente Medio: Egipto, el Sinaí, Palestina, llegó a Jerusalén, atravesó Siria, Jordania, Mesopotamia y finalmente Constantinopla, la actual Estambul.

Contexto histórico
Nos situamos en la Hispania de finales del siglo IV. En ese momento, el Imperio romano vivía una transformación profunda.
El viaje de Egeria transcurre en los últimos momentos del Imperio Romano, cuando la presencia de los pueblos bárbaros era cotidiana.
La secular estructura organizada por los césares, aún intacta en lo formal, comenzaba a mostrar fisuras mientras una nueva fuerza se abría paso con rapidez: el cristianismo.
En un tiempo en el que el Imperio Romano de Occidente se desmoronaba y el mundo monacal se empezaba a extender con fuerza desde oriente.
La Pax Romana, un largo periodo de paz entre tiempos de guerras e invasiones de la historia de Roma, junto con una extensa red de calzadas que pintaron un mapa de caminos de más de 80.000 kilómetros, favorecieron el viaje de Egeria.
Desde el punto de vista religioso, tras el Edicto de Milán promulgado por Constantino en el 313, la fe cristiana pasó de ser perseguida a tolerada.
A principios del siglo IV el cristianismo era aún una de tantas religiones de salvación de origen oriental, pero hacia la mitad del siglo, la Iglesia, a través de su influencia espiritual en la población del imperio, así como por su posición social y económica, se había convertido en una de las fuerzas vivas de la época. Por el número de fieles, la Iglesia se convirtió en un factor de poder, junto al emperador, al ejército y a la administración.
Con el edicto de Tesalónica (380), a convertirse en religión oficial del Imperio.
Biografía de Egeria
No hay muchos datos biográficos sobre esta mujer. Lo que sabemos de ella nos ha llegado por su propio testimonio.
Se disputan su origen varias localidades gallegas y leonesas que formaban parte hace entonces de Gallaecia. Aunque también Aquitania e Italia han reivindicado a la autora como paisana, ella misma hace alusiones a que el punto de partida de su viaje fue el “último extremo de la Tierra”

Nació, posiblemente, en Gallaecia, una de las provincias más periféricas del imperio romano, aunque integrada en la red de calzadas romanas.
Era de familia importante de la época, noble o pudiente. Se sabe que era una mujer muy culta, pues poseía conocimientos en griego, literatura y geografía, lo que hace suponer que era una abadesa o superiora en algún convento. Y es que, parece que Egeria no pasó problemas económicos, y tenía un gran conocimiento de la Biblia, escrita en griego (aun no se había escrito la Vulgata, por lo que la única forma de acceder a las Sagradas Escrituras era a través de los textos en griego).

En el 381 Egeria emprendió el camino a Tierra Santa, un viaje muy peligroso y largo, situación que se agrava si pensamos en una travesía realizada por una mujer sola, algo muy inusual en la época.
Fueron razones puramente religiosas las que la animaron a realizar tamaño viaje, deseaba conocer y venerar los lugares santificados por Cristo, por el Antiguo Testamento, por los apóstoles y mártires. Sentía que su deseo de viajar a Tierra Santa era un don de Dios “Nuestro Dios Jesús, que no abandona a aquellos que esperan en él, se ha dignado permitirme la realización de este deseo”.
Gracias al poder de su familia, se cree que pudo obtener el salvoconducto para emprender su travesía. Precisamente, fue su linaje el que le proporcionó custodia por parte de soldados del Imperio Romano en algunos parajes que eran peligrosos. Algunas hipótesis la vinculan con Teodosio el Grande o Prisciliano.
Egeria viaja usando el cursus publicus, con su red de mansiones y mutationes, provista de comodidades y algunos privilegios. Los medios de transporte que utiliza son barco, carro, caballo, asno y camello, que sin embargo no le evitan ni duras marchas ni penosas ascensiones a pie. No viaja sola, los guías acostumbran a juntar a los viajeros formando caravanas. Aunque en el caso de Egeria puede que viajase acompañada de un grupo propio. Además, allá donde va se lleva un recuerdo de lo que ha visto. Menciona, de hecho, las eulogias (recuerdos del peregrino).
A Egeria se la recibe con los brazos abiertos y en algunas ocasiones disfruta de escolta militar, cuando la naturaleza y los peligros de la ruta así lo aconseja, como en su transitar por el Sinaí. Sabemos que viaja sola, que obispos y presbíteros se desviven por ayudarla y mostrarle los lugares que desea visitar.
Es un viaje muy bien preparado, se evidencia el conocimiento previo del recorrido. Sus fuentes pudieron ser, además de otros posibles viajeros, la Biblia, el Onomasticón, un diccionario de Toponimia Bíblica, y la historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, obras escritas en griego, así como la Vita Constantini.
Se desconoce la edad que tenía cuando emprendió su travesía, sin embargo, el periodista Carlos Pascual piensa que “debía de ser, al realizar su viaje, una mujer de edad mediana (…) No una mujer joven; no se compaginaría ese hecho con el de viajar acompañada siempre de ‘santos varones’, presbíteros, diáconos e incluso obispos. Tampoco una mujer anciana; pues en tal caso, no hubiera podido seguir el ritmo del viaje (…)”

El periplo nos ha llegado por la propia Egeria, que iba escribiendo cartas describiendo su ruta a un grupo de dominae sorores, literalmente “señoras hermanas”, una expresión que puede apuntar a una camarilla de mujeres nobles y piadosas o una suerte de comunidad religiosa.
Esas cartas que Egeria iba escribiendo han llegado a nuestros días por una copia medieval redescubierta en por el erudito italiano Gian Francesco Gamurrini, quien encontró en 1884, el códice medieval Codex Aretinus 405 en la biblioteca de Santa María de Laicos en Arezzo, Italia. En este manuscrito está registrado el viaje realizado por Egeria a través de una especie de diario llamado Itinerarium ad Loca Sancta. Incluye también unas cartas que la monja dirigía probablemente a las religiosas de su congregación, a las que se dirigía como “mis venerables señoras y hermanas”. En un principio, Gamurrini creyó que el texto era obra de Silvia de Aquitania, a quien se le atribuía un viaje similar.
En esas misivas, Egeria va describiendo su viaje de miles de kilómetros desde Hispania hasta diversos lugares santos.

Inició su andadura para conocer y venerar los Santos Lugares recién descubiertos por Santa Helena. Inició el viaje siguiendo la ruta de Lugo, el Bierzo leonés, Astorga, León, Palencia, Clunia, Numancia, Tarazona, Zaragoza, Huesca, hasta llegar a Tarraco, desde donde, previa escala en Narbona, tomó un barco rumbo a Italia. Allí, Egeria visitó Rávena y después Roma. Desde la capital del Imperio, su peregrinación la llevó a Constantinopla y, después, a varios escenarios clave de la Biblia, como el monte Sinaí, donde Moisés recibió las tablas de la ley, o Antioquía, en la actual Turquía, donde se sabe que estuvieron San Pedro y San Pablo.
Pero sin duda el plato fuerte del viaje de Egeria fue Palestina. La gallega llegó hasta Belén, el río Jordán, Samaria, Galilea, Betania y Jerusalén, los principales escenarios de la vida de Cristo.
En muchos de los lugares que visitó, fue recibida por altos cargos eclesiásticos, lo cual demuestra que ella era una persona importante.
Durante su estancia en Jerusalén —que duró varios años— Egeria narró con detalle no solo los caminos y paisajes, sino también las celebraciones litúrgicas locales, especialmente las de la Pascua cristiana, proporcionando descripciones que hoy son de incalculable valor para conocer las prácticas religiosas de los cristianos del siglo IV.
Su periplo duró tres años, tras los cuales regreso a tierras hispanas, y nunca más se supo de ella.
Por otro lado, las noticias que nos llegan de Egeria nos dicen que Egeria aparece por primera vez en una carta dirigida por un monje, a finales del siglo VII, dirigida a una comunidad de monjes del Bierzo y en la que habla con elogio de una mujer a quien llama beatissima Egeria, una mujer que, en tiempos pretéritos, al comienzo del cristianismo, había realizado un largo viaje a Tierra Santa.
Otro testimonio sobre ella se encuentra en unos fragmentos en el folio 188 del del Manuscrito 10018 de la Biblioteca Nacional.
El Itinerarium aparece también mencionado en tres catálogos de la biblioteca de San Marcial de Limoges y en el documento fundacional del monasterio de Celanova del año 942, donde es enumerado entre los fondos bibliográficos destinados a formar parte de la biblioteca del cenobio.
No existe constancia del lugar y fecha de su muerte.
El manuscrito
Está redactado en forma de cartas, con un lenguaje cercano que lo aleja de la intención de crear una obra literaria, da cuenta del recorrido que hace su protagonista.
Egeria describe de una forma muy minuciosa y pormenorizada todo lo que contempla y hace comparaciones con lo que ella había leído anteriormente. Aporta descripciones muy detalladas de las infraestructuras de transporte, los ritos y costumbres de las zonas que atraviesa. Por eso, esta guía tiene una gran utilidad, pues nos permite conocer en profundidad la época y los lugares por los que pasa.

El manuscrito está redactado en latín vulgar y le faltan algunos folios. En él se pueden apreciar los detalles con respecto a los pormenores del viaje. Egeria se encargó de dejar constancia de todo aquello que llamaba su atención. También hace referencia a las costumbres de los habitantes de cada uno de los lugares que visitaba.
El hecho de que en su manuscrito hable con cierta familiaridad con el vocabulario monástico, y que también mencione su amistad con una mujer de vida consagrada, la diaconisa Marthana, que también había viajado a Jerusalén, no son datos definitivos obre la posibilidad de que Egeria fuese una monja.
El texto debió ser copiado en Montecassino en el siglo XI. Le faltaba el encabezado, por lo que desconocemos su título y la identidad de la autora.
En 1903, el benedictino Mario Ferotin resuelve las dudas de Gamurrini (el erudito que había encontrado el manuscrito) y publicó un estudio en la revista Cuestiones Históricas en el que demostraba que el códice era obra de Egeria. Ferotin pudo llegar a esta conclusión gracias a una carta escrita por San Valerio. En ella se menciona a la monja gallega y proporciona detalles que coinciden con los del relato.
Recorrió parajes bíblicos como el Sinaí y algunos sitios de la Mesopotamia clásica. La monja detalla con suma precisión cada uno de estos lugares. Tras cuatro años de intenso viaje, decide emprender el regreso a Constantinopla. Allí, escribe una carta mencionando que si le quedaban fuerzas iría a visitar el sepulcro de San Juan de Éfeso. En esta misma carta puede leerse “tenedme en vuestra memoria, tanto si continúo dentro de mi cuerpo como si, por fin, lo hubiere abandonado”. Después de esta misiva se pierde todo rastro de Egeria.

Ninfeo Egeria
Conclusiones
A pesar de haber emprendido viaje con dinero y protección, está claro que una mujer del siglo IV que decidía recorrer buena parte del mundo entonces conocido y adentrarse en largos y peligrosos caminos, no era una mujer cualquiera. Aventurera, osada, valiente, curiosa son algunos de los adjetivos que se le pueden atribuir a Egeria.
Lo que hace de Egeria, de su viaje y de sus escritos algo excepcional y pionero es que se trataría de la primera mujer escritora ibérica cuya identidad conocemos. Sus cartas manuscritas compondrían también el primer libro de viajes de no ficción y con cierta intención de guía.
Calificada como la primera gran guía de viajes por su singular y ameno contenido, describe con minuciosidad lo que ve y lo compara con lo que previamente había leído. Pero también aporta un detallado relato de las infraestructuras de transporte, los ritos y costumbres de la época. De ahí su enorme utilidad para los historiadores.
Pero no sería, seguramente el dejarnos su documento como guía, su intención, sino que sería, seguramente la primera mujer peregrina, su camino estaba guiado por la Biblia, ya que en cada lugar mencionado en las Escrituras, Egeria y sus acompañantes se detenían y leían el pasaje correspondiente.
“Como soy un poco curiosa, pregunté enseguida qué valle era aquel para que un santo monje hubiera plantado allí su eremitorio”, escribió una enigmática dama a finales del siglo IV a orillas del río Jordán. En solo una frase, revelaba más información sobre su personalidad (inquieta, extrovertida, religiosa, comunicativa y decidida) de la que se ha podido recopilar sobre su vida.
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Referencias
https://blog.galiciamaxica.eu/egeria-la-primera-mujer-viajera-y-peregrina-de-la-historia/
https://www.laviajeraempedernida.com/egeria-mujer-viajera-siglo-iv/
https://medievalum.com/egeria-la-monja-viajera/








