Una nueva incursión en el mundo del arte, y de una parte del arte que a nosotros nos apasiona, el románico. Pero hacer un post sobre el románico sería harto complicado por la gran cantidad de cosas que habría que contar, por lo que lo haremos desmenuzando nuestro discurso, por eso hoy nos centramos en “El Pantocrátor en el románico”.
El Pantocrátor, presente en numerosas obras de la iconografía cristiana, provoca en todos aquellos interesados en esta temática, una mezcla de curiosidad y fascinación. Y es que, en la religión cristiana, el Pantocrátor es una de las imágenes más recurrentes.
La representación de la Majestad de Cristo tiene su origen en Egipto, sobre el siglo V a.C., en el arte bizantino y románico, con el término pantocrátor se designa la imagen con que se representa al Todopoderoso, Padre e Hijo, es decir, Creador y Redentor.
En este contexto, el Pantocrátor simbolizaba la autoridad y el poder divino de Jesucristo, en su calidad de rey supremo y el juez de toda la humanidad. Pero el Pantocrátor también tenía un profundo significado teológico y espiritual. Para los cristianos, esta imagen representaba la dualidad de Cristo como Dios y como hombre, ya que en ella se muestra su rostro divino y humano a la vez.
Además, el Pantocrátor también simbolizaba la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado, ya que su rostro aparece sereno y lleno de luz, mientras que su mano derecha hace el gesto de bendecir y su mano izquierda sostiene un libro o un pergamino con el Evangelio.
Se trata pues, de una iconografía de tradición bizantina, que hereda el arte prerrománico y el románico.
Contexto histórico artístico
El románico fue un estilo artístico que se difundió en gran parte de Europa entre el siglo XI y los primeros años del siglo XIII d.C.

Se trata de un estilo artístico íntimamente ligado a la Iglesia. Su razón de ser la encontramos en la Reforma Gregoriana emprendida por el papa Gregorio VII, quien decidió reforzar la autoridad de la Iglesia de Roma y difundir el rito romano a partir del año 1073.

Papa Gregorio VII
Por lo general, podemos decir que los tres siglos que abarcó el periodo románico fueron un momento de fortalecimiento de la Cristiandad y de la propia Iglesia, una institución que participaba en todos los ámbitos de la vida y que sintió la necesidad de transmitir su mensaje a través de la imagen. Y es que el pueblo era analfabeto, por lo que la iconografía adoptó un carácter lúdico al enseñar a los fieles las pautas de conducta que debían seguir.
El románico se manifestó de manera más relevante en arquitectura, especialmente en iglesias y monasterios. caracterizándose por su aspecto de solidez y por el uso del arco de medio punto y las bóvedas de cañón y de arista. Por este motivo, cuando el estilo comenzó a ser identificado y estudiado en el siglo XIX, se le dio el nombre de románico al ser considerado una derivación del arte romano.
Su desarrollo coincidió con la expansión del feudalismo, la fundación de la orden religiosa del Cister, la reforma de la orden benedictina que daría lugar a la orden de Cluny, las cruzadas y un intenso movimiento de peregrinaje hacia las iglesias que poseían reliquias sagradas.
Las distintas disciplinas artísticas, como la pintura, escultura y el mosaico, estaban subordinadas a la arquitectura. Las paredes de las iglesias estaban cubiertas por pinturas y relieves que tenían una función narrativa: transmitir a los fieles, generalmente analfabetos, los principios del cristianismo. Por ese motivo se ha llamado a las iglesias románicas “biblias de piedra”.
Los temas más importantes fueron los bíblicos, sobre todo la imagen de Cristo Juez del mundo (Pantocrátor) en el portal principal. También se representaron santos, relatos evangélicos, escenas fantásticas y parábolas.
Además, durante la Edad Media se extendió por Europa la “Leyenda del Emperador de los Últimos Días”. Dicho relato señalaba que un gran Emperador debía reinar para anteceder la segunda venida de Cristo, un acontecimiento que se produciría cuando la sociedad dejara de seguir el Evangelio. Sin embargo, el deseo por la llegada de Dios hizo que muchos pensaran que los valores cristianos estaban en decadencia y que era necesario que el Emperador los reinstaurara de inmediato.
Así, la figura de Jesucristo y del Emperador se acabaron mezclando y comenzó una lucha entre el bien (divinidad/emperador) y el mal (anticristo). En este contexto podemos entender la presencia de un Pantocrátor o Todopoderoso que en ocasiones preside el Juicio Final para condenar a los pecadores y premiar a los bienaventurados con el Reino de Dios.
¿Qué significa Pantocrátor?
El término “Pantocrátor” proviene del griego: “παντοκράτωρ (pantokrátōr), compuesto por πᾶς (pas), “todo”, y κρατεῖν (kratein)”, y significa “todopoderoso” o “Señor de todo”.
Esta imagen representa a Jesucristo como el Rey y Juez del universo, una representación de Dios Omnipresente, con su mano derecha levantada en señal de autoridad y su mano izquierda sosteniendo un libro (Evangelio o Sagradas Escrituras) o un pergamino, que simboliza la ley divina. Generalmente enmarcado dentro de una aureola ovalada. Esta representación deriva del Apocalípsis.
Esta representación se explicaría como la presentación de Cristo como sumo señor del tiempo y de todas las cosas.
Viene a ser un equivalente a la representación del poder de los monarcas cesaropapistas del Imperio bizantino o la nobleza feudal de la Edad Media europea. Se trata de una referencia a la autoritas ejercida desde el miedo, que se traslada a la concepción cristiana del “temor de Dios”, consideración que sufriría un profundo cambio con la llegada del gótico, con una concepción más humana de Dios, pues los tiempos han cambiado y en el gótico aparece el Cristo Varón de Dolores. El Cristo resucitado que enseña los signos de la pasión (agujeros en pies y manos, herida del costado en la que suele meter los dedos) y con ello cambia todo el mensaje. Ya no amenaza, sino que habla de esperanza.
En el arte románico es constante su presencia, y lo encontramos sobre todo pintado en los ábsides de las iglesias. El caso más famoso del arte español, como el de San Clemente de Tahüll, o el de la cripta de San Isidoro de León o el del ábside de San Justo de Segovia.
Aunque también lo encontramos en muchas tablas que servían como antipendios de altar, como en los frontales de Seu de Urgel, el de Gésera, el de Chía y tantos otros.
En forma esculpida aparece principalmente en los tímpanos de entrada a las iglesias, como en San Pedro de Moissac, San Trófimo de Arlés, Saint Foy de Conques, el de la Portada Occidental de la Catedral de Chartres, y un largo etcétera.

Pantocrátor San Pedro de Moissac
Cristo es el centro del mundo y a su alrededor están el resto de símbolos terrenales y divinos: Tetramorfos (representación simbólica de los cuatro evangelistas: San Mateo como un ángel, San Juan como un águila, San Marcos, como un léon, y San Lucas como un toro), ángeles, profetas, ancianos, apóstoles, condenados, salvados, etc.

Es frecuente también que aparezcan asociadas a la imagen, las letras alfa y omega, primera y última letra del alfabeto griego, y por ello, representación del principio y fin de las cosas que Cristo representa.
Su presencia en las iglesias nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con Dios y su papel como guía y juez en nuestras vidas.
¿Cómo se representa el Pantocrátor románico?
En la Edad Media, el simbolismo del Pantocrátor se hizo más elaborado y complejo que en el arte bizantino, pues se representa rodeado de símbolos de su divinidad, tal y como anticipábamos anteriormente.
El pantocrátor románico se caracteriza por su representación frontal, con mirada penetrante y gesto solemne, dentro de una expresión serena, pero que al mismo tiempo muestra o irradia todo su poder y majestad, reforzando a su dualidad, en referencia a la naturaleza divina y humana de Jesús.

Aparece rodeado, usualmente, por una mandorla o halo de luz, en forma de almendra, que resalta su divinidad.
Una figura mayestática. Es habitualmente un Cristo nimbado y a veces coronado.
El modelo más frecuente presenta a Cristo, maduro y con barba, entronizado y en actitud de bendecir con la mano derecha, mientras sostiene con la izquierda el Libro de los Evangelios, abierto o cerrado. A menudo aparece flanqueado por la Virgen y san Juan Bautista.
En ocasiones, se representa sólo el busto; otras veces, la figura completa entronizada que, cuando se trata del Padre, sostiene en sus rodillas a Cristo hijo.
En todo caso, insistimos en que el gesto que realiza Jesucristo con la mano en las representaciones del Pantocrátor, no es improvisado. Sus dedos adoptan una posición muy concreta, formando lo que se conoce como el gesto de bendición. En muchas imágenes románicas, vemos que el dedo índice y el medio están extendidos, mientras que el anular y el meñique se doblan ligeramente, tocando el pulgar.
Esta posición tiene un doble significado. Por un lado, evoca las letras IC XC, una abreviatura griega de “Jesucristo” (Iēsous Christos), un código visual para quienes entendían el lenguaje de la iconografía cristiana. Por otro, remite a la Trinidad: los dos dedos extendidos representan la doble naturaleza de Cristo (divina y humana), mientras que los tres que se tocan simbolizan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Este gesto no nació con el cristianismo. En la antigüedad, muchas deidades grecolatinas y figuras de poder eran representadas con gestos similares, señalando su autoridad y su conexión con lo divino. Con la llegada del cristianismo, esta simbología fue reinterpretada y adaptada a la imagen de Cristo como juez y soberano universal.
Más allá de la simbología teológica, la mano del Pantocrátor es también un gesto de comunicación directa con el fiel. Dependiendo del contexto, puede interpretarse de diferentes maneras:
- Como bendición: En muchas iglesias románicas, el Pantocrátor ocupa la cúpula o el ábside, mirando desde lo alto y extendiendo su bendición a todos los que entran en el templo.
- Como gesto de enseñanza: En el arte paleocristiano y medieval, los filósofos y maestros solían representarse con un gesto similar, indicando que la figura representada es un guía y un transmisor de conocimiento.
- Como símbolo de juicio: En algunos casos, la posición de la mano adquiere un matiz más severo, recordando que Cristo no solo es misericordioso, sino también el juez que evaluará las almas al final de los tiempos.
En las representaciones pictóricas se utilizan colores planos, irreales y estridentes. Los artistas románicos no pintaban en favor del realismo ya que la religiosidad de entonces no contemplaba un Dios humano cercano a la vida cotidiana, sino a Cristo entronizado, venciendo sobre la vida y la muerte, una especie de aparición mística capaz de abarcar todo lo abarcable.
Un ejemplo: el Pantocrátor de la iglesia de San Clemente de Tahüll
Originariamente esta representación se encontraba en la iglesia de San Clemente de Tahüll, en el valle de Bohí, en Lleida, pero hoy en día lo encontramos en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, en la ciudad de Barcelona.
Se estima que esta representación debió producirse antes de la consagración de la iglesia, hecho que tuvo lugar el 10 de diciembre de 1123, tal y como se refleja en una de las inscripciones que se encuentra en el fuste de una de sus columnas.

El pantocrátor estaba representado en el ábside, realizado al fresco sobre muro, y de autor desconocido. Aparece como un Cristo sentado, situado dentro de la mandorla divina y rodeado por el tetramorfos.
Bajo él hay una galería en la que se encuentran María y los apóstoles, posiblemente realizados por otro artista distinto al que pintó la figura principal. Concretamente aparecen seis apóstoles separados por columnas y en dos grupos. Ala izquierda están Santo Tomás, San Bartolomé y la Virgen. A la derecha, San Juan, Santiago y San Felipe. Los nombres de cada uno, aparece en la banda cuyo resto está deteriorado y se separa esta zona con la superior. María lleva un Cádiz, mientras los demás apóstoles llevan un libro.
Cristo se encuentra en actitud de bendición, con el Libro de la Vida y la Sabiduría en su mano izquierda, abierto. En el libro reza “Ego sum lux mundi”, es decir, “yo soy la luz del mundo”. Con su mano derecha, realiza una señal de bendición, reforzando el mensaje positivo que trae consigo.
Cristo viste una túnica de color gris, a la que se sobrepone un manto azul. Su rostro alargado y muy simétrico da lugar a un cristo temible con una mirada penetrante. Además, tiene sus pies apoyados sobre una media esfera que representa a la Tierra.
Su condición divina queda reforzada, además, por su gran tamaño en comparación con las otras figuras, ya que se establece una jerarquía. A sus lados, se encuentran los símbolos de alfa y la omega, primera y última letra del alfabeto griego y por tanto símbolos del principio y el fin de todas las cosas.
La representación es bastante geométrica en sus formas, con una gran simetría, algo que podría interpretarse simbólicamente, como la perfección de Dios, representada como perfección de las formas de la naturaleza.
Los pliegues de las vestimentas se encuentran altamente esquematizados, y no se hace ningún tipo de representación que ilustre profundidad, se trata de un dibujo completamente plano. Esto se refuerza con el uso de líneas para representar las sombras, y con la figura reforzada en su corporeidad y consistencia, con el uso de líneas negras para delinear su contorno. Recurre a un colorido brillante para resultar llamativa, y en consecuencia llamar más la atención del fiel que acudía a verla.
Otro ejemplo: el Pantocrátor de Moarves de Ojeda
Este templo, Moarves de Ojeda, se encuentra en un pequeño pueblo de la provincia de Palencia, siendo una joya del románico.
Construida entre los siglos XII a XV, esta iglesia fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1931. Hablamos de una iglesia de cierta magnitud y con una gran belleza escultural, y que constituye una de las arquitecturas románicas más impresionantes de Castilla y León.
No se conoce la identidad del escultor que se encargó de las obras que encontramos en este templo, pero su estilo sigue con claridad el del artista coetáneo que realizó el grandioso friso y portada de la iglesia de Carrión de los Condes, también en Palencia.

Pues bien, en ella encontramos un majestuoso Pantocrátor, un Cristo sedente, flanqueado por dos grupos de seis apóstoles, bajo arcos pentalobulados y separados entre si por columnas y capiteles.
Cristo en majestad está esculpido en altorrelieve dentro de una mandorla que más parece hornacina por su profundidad y cuyo margen libre se decoró con el mismo primor que todo el conjunto. Cristo bendice con la diestra, mientras que con la izquierda sujeta los Evangelios apoyados en su rodilla. A su alrededor vemos los cuatro Tetramorfos, realizados en gran tamaño.
Por último, la serie de esculturas dispuestas horizontalmente a cada lado representa a los doce apóstoles. Como es habitual, portan diversos atributos iconográficos que los identifican, como libros, filacterias o cruces. Todas estas figuras son de menor tamaño que la del Cristo central con la intención de expresar una relación de jerarquía que se da no sólo en la historia evangélica sino también en la misma estructura de la Iglesia. Su factura técnica es mucho más modesta que la del grupo central, aunque tratan de mostrar cierto dinamismo alterando la posición de las cabezas, girando el tronco levemente o cruzando las piernas, como las dos figuras que se encuentran más próximas a Cristo, al que parecen dirigirse.
Representaciones del Pantocrátor, del Maiesta Domini y del Varón de Dolores
En términos generales podríamos afirmar que el Pantocrátor sería la representación bizantina del Todopoderoso, Cristo, no Dios, en el Juicio Final siempre de busto, en los fondos de ábsides o cúpulas, bendiciendo con la mano derecha y con el rollo o libro en la izquierda, abierto para indicar que todavía no se ha celebrado el Juicio Final, o cerrado para indicar que éste ya ha tenido lugar.
Pero siempre es Cristo, de ahí que su nimbo sea crucífero y que frecuentemente aparezca también el Alfa y el Omega, en relación a lo que Él mismo dice cuando afirma que es el principio y el fin.
Pero tanto en Bizancio como en la Alta Edad Media occidental este Cristo del Juicio Final evoluciona a un Cristo en Majestad, triunfante, de ahí lo de Maiestas Domini, una mezcla de las iconografías del Pantocrátor bizantino y del Cosmocrátor paleocristiano, el que gobierna el Cosmos, sin relación con el Juicio, inspirado en la iconografía imperial romana y bizantina, representado de cuerpo entero en trono, sobre el globo terráqueo o sobre el arcoíris, suele portar el Libro de la Ley y una corona como símbolos de poder.

Pero a esta mezcla de Pantocrátor y Cosmocrátor también se la conoce, simplemente, como Pantocrátor, de ahí que pueda decirse que Pantocrátor y Maiestas Domini son lo mismo.
A partir de fines del siglo XII en Francia aparece un nuevo modelo de Cristo provocado por el cambio de sensibilidad que da lugar al gótico. Se inspira en el Evangelio de Mateo y es más humano y paternal en vez del vengativo apocalíptico. Uno de los primeros que aparecen es el de Saint Denis. Se le suele conocer como Varón de Dolores, aparece semivestido y siempre muestra las llagas de la Pasión.

El Cristo del Apocalipsis es Cristo Dios y éste es Cristo Hombre que viene a juzgar a los hombres porque ha muerto por ellos. Siempre muestra las heridas y siempre es posterior a fines del siglo XII y del ámbito occidental.
Conclusiones
El Pantocrátor aparece definido como la representación del salvador sentado, bendiciendo y con la testa encuadrada en una curva cerrada en círculo (nimbo). Es la representación de Dios propia del arte Bizantino y posteriormente, en pleno medievo, del arte románico.
Un elemento a resaltar es que son representaciones austeras, pero no en el sentido de los materiales utilizados o de los espacios sobre los que se montan (es difícil pensar esto en el arte cristiano) sino que muestran solamente a Cristo rodeado de algunos pocos elementos simbólicos y no rodeado (cómo sí ocurre en el Maiestas Domini) de toda la iconografía religiosa asociada al universo del relato bíblico.
El Pantocrátor nos habla de un Cristo que participa de la sustancia de Dios Padre pero que no la recibe de igual manera; es por tanto un Cristo que no se queda en el plano de lo meramente humano pero que tampoco alcanza el mismo rango que el padre, engendrado no creado.
En cuanto a los usos y simbolismo del Pantocrátor, hablaríamos de:
- Representación visual: El Pantocrátor se representa típicamente con la mano derecha levantada en gesto de bendición, mientras que la izquierda sostiene un libro, a menudo el Evangelio. Su rostro suele ser serio y majestuoso, transmitiendo una sensación de autoridad y sabiduría.
- Significado teológico: La imagen del Pantocrátor afirma la doble naturaleza de Cristo, divina y humana. Su postura regia y su mirada penetrante simbolizan su poder divino, mientras que el libro del Evangelio representa su encarnación y su misión de salvación.
- Influencia en el arte románico: La iconografía del Pantocrátor se extendió desde Bizancio a Occidente, influyendo profundamente en el arte románico, especialmente en la decoración de los ábsides de las iglesias.
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Referencias
Historia del Arte Medieval. De García Marsilla, J.V. y otros.
https://artehistoriaypoesia.blogspot.com/2017/01/el-pantocrator-en-el-romanico.html
https://www.arteiconografia.net/2011/11/pantocrator-de-moarves-de-ojeda.html
https://lacamaradelarte.com/dios-en-el-arte-romanico/
https://unratodearte.blogspot.com/2012/12/cristo-pantocrator.html








