El Tercer Reich alemán tiene un repertorio tan amplio de personajes de toda índole, que tanto sufrimiento, terror y desolación causaron, que relatar sus vidas, nos daría argumentos para hacer decenas y decenas de publicaciones en este Blog.
Como habrán comprobado nuestros lectores habituales, o como podrán ver, si tienen curiosidad, los que se acercan por primera vez a nuestras publicaciones, poco a poco hemos ido repasando la vida de los grandes jerarcas y asesinos del régimen nazi.
Hoy le toca a Hermann Göring, el segundo del III Reich.
Göring fue uno de lo exponentes más grandes del Tercer Reich. Antes de catalogarlo de traidor, Adolf Hitler lo había designado su sucesor.

Biografía de Hermann Göring
Su nombre completo era Hermann Wilhelm Göring (o Goering). Nació en Rosenheim, Baviera el 12 de enero de 1893, en el seno de una familia aristocrática.
Era el cuarto hijo del matrimonio formado por Heinrich Ernst Göring, un diplomático de alto rango, y su segunda esposa, Fanny Tiefenbrunn. De hecho, su vocación militar puede tener su origen en la estirpe familiar, pues su padre había sido oficial de caballería, gobernador del protectorado alemán de África del Sudoeste, la actual Namibia, y Cónsul en Haití.
Se crió en un entorno privilegiado, viviendo en una situación que era una mezcla de estatus aristocrático y recursos limitados, lo que definiría la personalidad de Göring que tenía como uno de sus principales objetivos vitales aspirar al poder y estatus por encima de todo.
De niño, Göring mostró carácter fuerte y cierta arrogancia.
Se formó desde niño en escuelas militares, cursó estudios en la escuela de cadetes de Karlsruhe y en la de oficiales de Lichterfelde, cerca de Berlín, cuando tenía16 años. En este período es cuando quedó prendado por la aviación militar. Al finalizar esta formación se incorporó al ejército alemán como oficial de infantería en 1912.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, sirvió en las trincheras, pero rápidamente se aburrió de la infantería.

En 1915 se pasó a la aviación, entonces una rama experimental del ejército. Como piloto, Göring demostró talento genuino, convirtiéndose en as de combate respetado.

En 1918, fue nombrado comandante del Jagdgeschwader, la legendaria escuadrilla del “Barón Rojo” Manfred von Richthofen, unidad de élite de aviación alemana, lo que incrementó su carácter arrogante y amor por la gloria personal.
Como piloto de combate, Göring demostró un valor temerario. Derribó 22 aviones enemigos y recibió la prestigiosa Pour le Mérite, la máxima condecoración militar prusiana.
Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, Göring quedó traumatizado, y como muchos oficiales militares alemanes, adoptó la ficción de que Alemania había sido traicionada por políticos civiles, y no derrotada en batalla.
Desmovilizado con el grado honorífico de capitán, su reincorporación a la vida civil, como la de tantos otros veteranos, resultó problemática. Le prestó ayuda un oficial británico, que había sido muy bien tratado mientras fue su prisionero.
Pero su madre, ahora viuda y abandonada por su protector, atravesaba dificultades económicas. Ante esto, el joven Göring decidió aprovechar sus habilidades. Se dedicó a realizar vuelos privados y exhibiciones acrobáticas.
La noticia de que una compañía sueca recién creada necesitaba pilotos le indujo, tras una breve estancia en Dinamarca, a trasladarse a Estocolmo. Fue aceptado, pero solo en segunda instancia y sin sueldo fijo, de modo que completaba sus ingresos con la venta de paracaídas para poder asistir a las continuas fiestas a las que era invitado.
En 1920, participó en intentos de golpe contra la República de Weimar.
En 1923 contrajo matrimonio con la baronesa Carin Axelina Hulda Fock, una mujer casada que se separó de su marido para contraer matrimonio con Göring. Carín fallecería en 1931.

Ese mismo año se unió al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), atraído por su promesa de restauración nacional. En ese tiempo es cuando conoce a Hitler, quien le causa una gran impresión, pues veía en él la posibilidad de restauración nacional y personal. Se convirtió en miembro de la Guardia de Asalto Nazi (SA) y jefe de seguridad de Hitler.
Su primer cargo fue como jefe de las Sturmabteilung o SA, el ala paramilitar de los nazis, que rápidamente se convirtió en una organización jerárquica y disciplinada.
En noviembre de 1923, Göring participó en el fallido golpe de Munich, el intento nazi de derrocar el gobierno bávaro. Durante el golpe, fue herido de bala en la ingle, una herida que lo marcaría de por vida. Fue arrestado y encarcelado y durante su encarcelamiento en la prisión de Landsberg, fue tratado con morfina para el dolor. Esto marcó el comienzo de su adicción a opioides que lo acompañaría el resto de su vida.
Tras su liberación, Göring pasó varios años exiliado en Suecia y Dinamarca, donde su adicción a morfina se intensificó.
Regresó a Alemania en 1927 cuando el Partido Nazi le permitió volver. Durante los años de la República de Weimar, se mantuvo cerca de Hitler, consolidando su posición como uno de los nazis más poderosos.

En 1928, fue uno de los doce candidatos que obtuvieron escaño en el Reichstag, ganando popularidad como orador y militar creíble.
Cuando Hitler llegó al poder en enero de 1933, Göring fue nombrado ministro del aire y comandante en jefe de la Luftwaffe recién formada.

En 1932 se convirtió en el presidente de la cámara baja del Parlamento, y también ministro de las Fuerzas Aéreas del Reich.

En 1933 al ser Hitler nombrado Canciller, Göring fue nombrado ministro del Interior, un cargo que aprovechó para comenzar a “nazificar” a la policía incorporando a sus filas a algunos miembros de las SA, de las SS y de los Stalhelm, la organización paramilitar nazi especializada a perseguir opositores e internarlos en los primeros campos de concentración del régimen. Este último grupo fue el germen de la temible Gestapo (Geheime Staatspolizei)
En ese nuevo puesto Göring enseguida demostró su actitud al dirigirse a todos los empleados de su ministerio, en una arenga, en las que, tras recordarles que su padre había sido funcionario público de alto rango, habló del nuevo espíritu patriótico que ellos debían representar, y les dijo que su primer deber era erradicar todo indicio de comunismo entre ellos. Invitó a quien creyera que no podría trabajar con él a renunciar en ese momento.
Entre 1933 y 1939, Göring transformó la Luftwaffe en la fuerza aérea más moderna de Europa. Diseñó el Messerschmitt Bf 109, caza que sería la espina dorsal de la aviación alemana durante toda la guerra. También desarrolló bombarderos como el Heinkel He 111 y Junkers Ju 87, este último famoso por sus ataques de picada terroríficos.
En 1935 contrajo matrimonio con Emmy Sonnemann, con la que tuvo una hija Edda Göring, quien por cierto tras la caída del régimen se declaró apolítica, pese a que había actuado como anfitriona de Hitler en numerosos eventos, y llegó a ser considerada como la “primera dama del Tercer Reich”.

Göring aprovechó la Guerra Civil Española (1936-1939) para probar nuevas tácticas aéreas y equipamiento. Envió la Legión Cóndor, unidad de voluntarios alemanes, para apoyar a Franco. Los éxitos de la Legión Cóndor dieron a Göring confianza, aunque los objetivos tácticos no siempre se tradujeron en aprendizajes estratégicos para guerra más grande.
En 1936 fue nombrado también comisario del Plan Cuatrienal, para controlar la economía de guerra alemana. Esto lo convirtió no solo en militar sino también en economista de facto del Tercer Reich. Su corrupción durante este período fue legendaria. Acumuló colecciones de arte, propiedades y riqueza mediante confiscación de propiedades judías, sobornos y fraude descarado.
En 1940 fue nombrado Mariscal.
Con la guerra aún no definida, se metió de lleno a vivir una vida de opulencia y a acumular las obras de arte expoliadas a los judíos y a los museos de las ciudades ocupadas, y también de los muchos regalos que recibía de aquellos que buscaban sus favores.
Eran tiempos en los que Göring sufría de problemas hormonales que explicaban su obesidad. Era adicto al consumo excesivo de tabletas de codeína (un derivado de la morfina). No solo cambió su aspecto físico sino también su carácter: a veces estaba eufórico y otras deprimido, se mostraba egocéntrico y vanidoso y se vestía de un modo extravagante, recargando su uniforme de condecoraciones y joyas.
Por último, a nivel biográfico, señalar que Göring obtuvo varias condecoraciones: la Gran Cruz de la Cruz de Hierro, la Orden Pour le Mérite, la Orden Karl Friedrich y la Medalla Hohenzollern
Actividad política y militar de Göring
Goering dirigió el rearme de su país desde 1936, sometiendo a toda la industria alemana a una especie de dictadura bajo la lógica de la economía de guerra.
Göring también fue responsable de decisiones económicas desastrosas. Como comisario del plan de cuatro años, implementó políticas de guerra que maximizaban la producción de corto plazo a costa de la sostenibilidad, lo que contribuyó al agotamiento de recursos alemanes.

Con la Gestapo, Göring fue incrementando su poder. De hecho, como indicó él mismo en un documento donde daba las orientaciones al nuevo cuerpo, la idea era simplemente reprimir, aun usando las balas, cuando fuera y como fuera. “Las actividades de organizaciones hostiles al Estado deben ser frenadas con las medidas más enérgicas. Con el terrorismo y los atentados comunistas no debe haber miramientos y, cuando sea necesario, habrán de usarse los revólveres sin consideración de las consecuencias. Los agentes de policía que disparen sus revólveres en el cumplimiento de su deber serán protegidos por mí sin considerar las consecuencias del empleo de sus armas. En cambio, los agentes que se abstengan de hacerlo, por la equivocación de considerar las consecuencias, han de saber que se actuará disciplinariamente contra ellos […]. Ningún agente debe perder de vista el hecho de que no adoptar una medida es más vergonzoso que cometer errores en su aplicación”.
Durante la Segunda Guerra Mundial dirigió igualmente la explotación económica de los territorios ocupados al servicio de Alemania, sin descuidar en esa tarea su enriquecimiento personal.
Con el avance de la Segunda Guerra Mundial se hizo ostensible el fracaso de las operaciones de la Luftwaffe. Su prestigio declinó con la inoperancia en las batallas de Inglaterra y Stalingrado, perdiendo gradualmente influencia en el Estado y en el partido.
Cuando finalmente perdió la confianza del Führer, comenzó a pasar más tiempo retirado en diferentes residencias que ocupándose de la guerra. Casi retirado de la vida política, se dedicó a disfrutar de una vida de lujos, de las obras de arte robadas que habían engrosado su colección durante la guerra. Mientras tanto, su salud iba de mal en peor: a la adicción en la que recaía regularmente se le sumó la obesidad provocada por una enfermedad hormonal.
Y si algo le falta a la vida de un personaje como Göring es un final grandilocuente.
Ya en 1945, con la invasión soviética a territorio alemán consumada, y la derrota inminente, Hitler se refugió en su bunker en Berlín.
Cuando sus lugartenientes fueron con la minuta de la reunión entre Hitler y sus generales, Göring, el hombre más poderoso de Alemania que ostentaba el título de Reichsmarschall, pensó que era el momento de rescatar el viejo decreto que el Führer había firmado en 1941 y por el cual, si Hitler dimitiera, perdiera su libertad de acción o muriera, el sucesor directo sería él, tal como estaba escrito.
Refugiado en Obersalzberg, Baviera, a la espera del desenlace, el héroe aeronáutico de la primera guerra mundial mandó a redactar su último telegrama en el poder. Göring le envía a Hitler el mensaje que sellará su destino. Le dice que, “después de conocer que el final era ineludible, se sentía obligado a asumir, en caso de que a las 22:00 en punto no haya respuesta, que has perdido tu libertad de acción”.
Y continuaba… “Consideraré que se han cumplido las condiciones de tu decreto y tomaré medidas para el bienestar de la Nación y la Patria. Sabes lo que siento por ti en estas horas, las más difíciles de mi vida, y no puedo expresarlo con palabras. Dios te proteja y te permita a pesar de todo venir aquí lo antes posible. Tu fiel Hermann Göring”.
El telegrama, firmado por Göring, el número uno en la línea de sucesión del Tercer Reich, tomó por sorpresa a Adolf Hitler, y lo hizo estallar de furia, aquella madrugada del lunes 23 de abril de 1945.
Göring, el hombre que había accedido a las máximas jerarquías políticas y militares gracias a Hitler ahora le informaba al Führer, mediante un respetuoso y breve telegrama, que asumiría el control total del curso de la guerra y el liderazgo de Alemania “en caso de que las negociaciones fueran necesarias ya que, desde Baviera estaría en una posición más fácil que tú en Berlín”.
Hitler, aconsejado por su secretario personal, Martin Bormann, le responde a Göring en duros términos. Considera su actitud como alta traición y lo obliga a dimitir de todos sus cargos, caso contrario sería ejecutado. Göring renuncia enseguida. Es enviado a prisión.
El final de Göring
Días después, el 5 de mayo fue liberado por una unidad de la Luftwaffe, y ya viendo que no había nada que hacer, decidió ir a entregarse a las fuerzas de los Estados Unidos apostadas en Radstadt. Lo hizo el día 8 de mayo a una avanzadilla de la 36 División de Infantería del Ejército de los EE.UU.
Pretendía entregarse ante un general norteamericano, pero debió de conformarse con un coronel. Ello le causó un gran disgusto, pero que superó pensando que hubiera sido peor en caso de caer en manos del ejército ruso.

Más tarde, fue conducido a Nuremberg para ser juzgado. Los cargos que presentó la fiscalía fueron: conspiración, librar una guerra de agresión, crímenes de guerra (refiriéndose al saqueo de obras de arte y otros bienes) y crímenes contra la humanidad, donde se enmarcaba lo relativo a los campos de concentración.

Durante su período en prisión consiguió curarse de su adicción a la morfina. Este hecho y su fuerte autoconfianza hicieron que Göring mostrase una actitud sonriente y muy confiado durante su defensa en el juicio de Nuremberg.
Durante el juicio, Göring fue sorprendentemente efectivo defendiéndose. Aunque era culpable de prácticamente todo de lo que lo acusaban, fue inteligente, articulado y frecuentemente desafiante ante el tribunal. Argumentaba que simplemente había seguido órdenes de Hitler, que sus decisiones militares habían sido justificadas en el contexto de la guerra y que mucho de lo atribuido a él era exagerado o distorsionado.
Negó cualquier tipo de complicidad en los crímenes cometidos por el régimen afirmando que todo había sido obra de Himmler, que ya estaba muerto.

Sin embargo, la evidencia era devastadora. Los documentos capturados mostraban claramente sus decisiones sobre represalias brutales contra civiles. Testimonios de oficiales militares confirmaban su corrupción masiva, sus robos de arte, sus enriquecimientos mientras Alemania se hundía. Supervivientes de campos de concentración testificaron sobre los crímenes cometidos bajo su jurisdicción.
Luego de 218 días de proceso judicial, el tribunal lo encontró culpable de los cuatro cargos y lo condenó a morir en la horca. “No hay nada que decir como atenuante. Pues Göring era muchas veces, de hecho casi siempre, la fuerza motriz, solo superada por su jefe. Fue el principal agresor de guerra, tanto como jefe político como militar; fue el director del programa de trabajo esclavo y el creador del programa opresivo contra los judíos y otras razas, en Alemania y en el extranjero. Todos estos crímenes los ha admitido francamente. En algunos casos específicos puede haber conflicto de testimonio, pero en términos generales, sus propias admisiones son más que suficientemente amplias para concluir de su culpabilidad. Su culpa es única en su gravedad. El registro no revela excusas para este hombre”, dice la sentencia.
Entonces Göring optó por poner fin a sus días. En la noche del 15 de octubre de 1946, la anoche anterior a su ejecución, ingirió una pastilla de cianuro horas previas al día en que, según la sentencia del tribunal de Nuremberg, debía morir en la horca.

Sobre quien le facilitó la cápsula de cianuro para que se suicidase, hay múltiples teorías y ninguna certeza.
En su celda, encontraron tres cartas escritas a lápiz, una de ellas dirigida a su mujer Emmy, otra a las autoridades militares aliadas y la tercera al jefe de la prisión de Nuremberg, el coronel Burton Andrus. En esta última, desliza Goring: “El personal de guardia no está implicado en el suicidio del mariscal del Reich”.
En sus cartas afirmó: “No habría tenido objeción a que me fusilaran. Sin embargo, ¡no facilitaré la ejecución del Mariscal del Reich alemán en la horca. Por el bien de Alemania, no puedo permitirlo. Además, no siento ninguna obligación moral de someterme al castigo de mis enemigos. Por esta razón he elegido morir como el gran Aníbal”.
Su cadáver, como el de Mussolini, fue expuesto al escarnio público junto a los otros jerarcas ahorcados. Posteriormente fue cremado y sus cenizas arrojadas al río Isar.
Conclusiones
Albert Speer, del Tercer Reich, lo evaluó de la siguiente manera: “Göring era un hombre inteligente, que a menudo proponía ideas bastante atrevidas y tenía una gran capacidad de comprensión, pero carecía de tenacidad…, y asumía demasiadas responsabilidades”.
Göring era un enigma, una figura que reunía muchas de las cualidades esenciales tanto de un héroe como de un villano, una fusión de numerosas contradicciones. Era indolente y enérgico, realista y romántico, cruel y afable, cobarde y valiente, refinado y grosero, al mismo tiempo que poseía rasgos como la astucia, la vanidad, el humor y la frialdad, lo que lo hacía objeto tanto de burla como de desprecio.
Aunque Göring parecía superficialmente extravagante, excéntrico, megalómano y a veces incluso bufonesco, en realidad era capaz, astuto y maquiavélico.

En todo caso, Göring fue un hombre que combinó sin pudor su pasión por la caza, los uniformes extravagantes, el arte robado y los festines, con su papel central en algunos de los peores crímenes del siglo XX. Y sin embargo, su vida fue también una tragicomedia marcada por la adicción, el autoengaño y una caída estrepitosa. Su final, en una celda de Nuremberg, dejó sin la imagen que muchos esperaban: la del número dos de Hitler colgando de la horca.
Su caída fue tan espectacular como su ascenso: de ser el hombre más influyente de Alemania después de Hitler, acabó sentado en el banquillo de los acusados en Núremberg, condenado a muerte y suicidándose horas antes de la ejecución.
Hermann Göring encarna la combinación de ambición, crueldad y decadencia que caracterizó a la élite nazi. Fue simultáneamente un héroe de guerra condecorado, un político despiadado, un saqueador de arte a escala industrial y un adicto a las drogas incapaz de cumplir sus promesas militares.
El legado de Göring fue el de un militar realmente talentoso que fue corrompido completamente por el poder absoluto. Demostró que incluso la competencia genuina puede ser pervertida al servicio de un régimen criminal.
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Referencias
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/goering.htm
https://redhistoria.com/biografia-de-hermann-goring/








